Los inversores de las empresas europeas de lujo afrontan una sensación de déjà vu. El pasado ejercicio comenzó con expectativas de recuperación en la demanda de moda y marroquinería tras dos años de debilidad, pero el impulso se truncó por los aranceles impulsados por Donald Trump.
El escenario en 2026 se antoja inquietantemente similar, de nuevo con el presidente estadounidense como factor determinante. A comienzos de año, las perspectivas eran muy favorables: nuevos directores creativos impulsaban el lanzamiento de productos, como los últimos bolsos icónicos de Chanel; el consumidor estadounidense de alto poder adquisitivo mostraba dinamismo al calor de los mercados financieros, y en China comenzaban a percibirse signos de recuperación.Sin embargo, la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán provocó una corrección de los mercados. Aunque la suerte de los fabricantes de artículos de lujo no figura entre las preocupaciones más apremiantes en tiempos de guerra, su peso en la economía europea es significativo. En este entorno, las acciones de LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton SE y de Kering SA, propietaria de Gucci, han quedado rezagadas frente a los principales índices bursátiles. Ambas empresas presentarán la próxima semana sus cifras trimestrales, que reflejarán el impacto de la menor confianza del consumidor.
La evolución del mercado en 2025 ofrece, no obstante, cierto margen para el optimismo. Tras tocar mínimos en verano, en un contexto de dudas sobre la demanda de artículos de alta gama, las ventas mejoraron (o se estabilizaron al menos) y las valoraciones repuntaron. Ante indicios de que Trump busca una salida a la crisis en Oriente Próximo, el sector podría haber superado ya su punto más bajo en 2026.Oriente Próximo representa una cuota reducida del mercado global del lujo (en torno al 5 % de las ventas, según los analistas de HSBC), pero su clientela de alto poder adquisitivo ha sido uno de los motores más resilientes en los últimos años.El gasto en lujo está estrechamente vinculado al sentimiento del consumidor, que tiende a gastar más cuando está feliz y confía en el futuro. En un entorno marcado por conflictos bélicos y amenazas de escalada, esta confianza se resiente. El encarecimiento del petróleo, con su impacto en la inflación y el crecimiento económico, ha añadido presión a los mercados financieros.En Estados Unidos, las ventas de lujo son especialmente sensibles a la evolución de las carteras de inversión de los ciudadanos, y eso ha contribuido a las dudas sobre la salud del sector. En este contexto, LVMH ha registrado su peor arranque de año en un primer trimestre del que se tenga constancia.La posibilidad de un alto el fuego de dos semanas en el Golfo ha contribuido a mejorar el ánimo de los mercados. Aun así, las acciones de LVMH cotizan en torno a 20 veces los beneficios previstos, por debajo de su media de cinco años, en torno a 24 veces, según datos recopilados por Bloomberg. Hermès International SCA, por su parte, se sitúa en unas 36 veces los beneficios previstos, también por debajo de su promedio histórico cercano a 48 veces.Incluso con una paz duradera en Oriente Próximo, las previsiones para el sector se han moderado. Los analistas de HSBC han revisado a la baja su estimación de crecimiento del 7 % al 5,9 %, una cifra que aún podría resultar optimista pese a algunos factores de apoyo.Entre ellos, la incipiente recuperación del consumo en China, iniciada a finales de 2025, parece consolidarse. Flavio Cereda, responsable del fondo de marcas de lujo de GAM Holding AG, recién llegado del país, destaca la solidez de la demanda observada recientemente en centros comerciales de alta gama.Y aunque los estadounidenses con mayor poder adquisitivo suelen contenerse cuando los mercados están turbulentos, esta vez aún no ha sucedido. El uso de tarjetas en marcas de lujo creció un 7,2 % interanual en marzo, según datos de Citigroup Inc., encadenando tres meses al alza, con especial dinamismo en relojería.La renovación creativa en casas como Chanel y Dior (propiedad de LVMH) también ha contribuido a reactivar el interés del cliente. Paralelamente, las firmas han intensificado su apuesta por productos de acceso más asequible, como bolsos de menor tamaño o bisutería, con resultados positivos.No obstante, la evolución del sector dependerá en gran medida de la estabilidad geopolítica. Un repunte sostenido del petróleo podría anticipar un ciclo inflacionista que desplace el gasto hacia bienes esenciales, afectando especialmente al consumidor aspiracional, a los que la industria intenta volver a conquistar. Asimismo, cualquier disrupción en los viajes internacionales frenaría las escapadas de compras de turistas estadounidenses y chinos a París o Milán.A pesar de ello, algunos inversores con horizonte a largo plazo podrían interpretar el contexto actual como una oportunidad. El precedente de 2025 muestra que, una vez superada la denominada "fatiga del lujo" y con el respaldo a nuevas direcciones creativas, el rebote bursátil puede ser rápido: un índice europeo del sector llegó a avanzar cerca de un 30 % entre agosto y principios de enero.Lo primero que hace todo director creativo cuando llega a una marca con solera es bucear en los archivos en busca de inspiración. Los inversores podrían mirar hacia 2025 exactamente del mismo modo.Esta columna recoge la opinión personal del autor y no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP ni de sus propietarios.