A través de una publicación en LinkedIn, el directivo italiano Girolamo Di Cresce anunció su nombramiento como director general para Italia del grupo Puig, el gigante español de productos de belleza.
"Me complace anunciar mi incorporación a Puig como director general para Italia", escribió Di Cresce en LinkedIn. "Unirme a una empresa que alberga algunas de las 'love brands' más admiradas del mundo es tanto un privilegio como un nuevo y emocionante capítulo en mi carrera. Estoy deseando trabajar codo con codo con nuestros talentosos equipos y socios de confianza para acelerar el crecimiento, reforzar nuestras marcas y crear valor significativo para los consumidores y clientes de toda Italia".Licenciado por la Universidad Bocconi y ya incorporado a la compañía, Girolamo Di Cresce pasó ocho años en L’Oréal, de 2008 a 2016, primero en el ámbito financiero para L’Oréal Luxe, después como responsable nacional de cuentas clave de Lancôme y, por último, como director de trade marketing de Giorgio Armani Beauty, Viktor & Rolf, Maison Margiela y Ralph Lauren.
Los diez años siguientes de su carrera los pasó en el grupo Estée Lauder, primero como director de marca de Smashbox y, posteriormente, de Clinique y Darphin en Italia. Desde 2022, estaba afincado en París, ejerciendo como director general de EMEA de Aveda, Too Faced, Smashbox y Bumble and bumble. Desde marzo de 2025 ejercía como director general para EMEA y mercados emergentes de las marcas Tom Ford y Balmain Beauty.Paradójicamente, precisamente con Estée Lauder era con quien Puig debía haberse fusionado este año. O, cuando menos, desde marzo pasado trascendieron negociaciones cada vez más intensas que deberían haber conducido a la unión de estos dos gigantes de la belleza, que juntas habrían dado lugar a un coloso del segmento de belleza de lujo valorado en unos 34 000 millones de euros. Sin embargo, el fabricante estadounidense de cosméticos y el grupo español de perfumería parecían estar ultimando los detalles del acuerdo cuando, a finales de mayo, las conversaciones fracasaron, al parecer por diversos desacuerdos entre las poderosas familias propietarias y por algunas peticiones concretas que resultaron innegociables, entre ellas las de Charlotte Tilbury.